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Absentismo: de un logro social a un lastre para las empresas

Silla vacía en escritorio de trabajo

Las grandes sociedades del pasado se han construido en base a una fuerza obrera con costes muy bajos. Un claro ejemplo de ello serían el imperio romano, el egipcio o el chino. Existía una diferenciada distinción entre la alta sociedad, formada por perfiles más cualificados, con salarios y ciertos privilegios, y los esclavos, que trabajaban a destajo sin derechos de ningún tipo.

Con el paso del tiempo, durante finales del s. XIX y a lo largo del s. XX, se fueron conquistando avances sociales y derechos para la clase obrera que han ido conformando la sociedad del bienestar como la conocemos hoy en día en el mundo desarrollado.

Entre todos esos derechos, situamos también al absentismo, entendido como la ausencia de la persona trabajadora a su puesto de trabajo de forma justificada. Aquí se incluyen vacaciones, enfermedades, bajas médicas, permisos retribuidos por diferentes motivos, crédito sindical, etc. Por lo que todo el absentismo, en términos conceptuales, debería ser algo positivo para la sociedad puesto que supone un logro social.

 

Pero entonces, ¿Qué lo convierte en una palabra ‘maldita’ en el entorno laboral?

La respuesta reside en el coste y pérdida de productividad que supone éste para la empresa y para la economía en su conjunto.

Como refleja el último informe de absentismo laboral de Randstad, el número de personas que en promedio cada día se ausentaron de su puesto de trabajo fueron 1.243.229, de las cuales un total de 945.612 personas se encontraban de baja médica, lo que significa un 76% de las todas las personas que se ausentaron del trabajo.

Es muy habitual que los absentismos no lleguen a cubrirse con la incorporación de una nueva persona trabajadora, ya que en muchos casos no hay tiempo para realizar un proceso de selección adecuado. Por tanto, resulta imprescindible que las empresas y organizaciones dispongan de herramientas y medios para hacer un seguimiento minucioso del absentismo desde dos perspectivas claras:

  • Racionalizar y agilizar la gestión de las bajas.
  • Ir un paso más allá de la actividad de prevención de riesgos laborales, apostando por programas de empresa saludable que promuevan campañas de salud personalizadas.

Las cifras abrumadoras de absentismo hacen que hoy en día, este fenómeno diste mucho de ser un pleno beneficio social y se convierta más bien en un lastre.